Continuidad de los parques

 Julio Cortázar (Argentina, 1914-1984)

(541 palabras)

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.


Análisis

Veamos este relato de dos formas. La primera como un simple ejercicio o juego mental que me permito compartir con ustedes (como si pensara en voz alta algunas de esas incongruencias que a veces se nos ocurren) y otro más acorde con lo que el escritor estructuró y logró plasmar. En primer lugar, si nos olvidáramos de ciertos indicios que al final definen el relato, podríamos decir que aquí no se cuenta nada de importancia, es decir, un personaje, un hombre, retoma la lectura de una novela que lo había cautivado y que, por asuntos de trabajo, había dejado pendiente. Regresó a su finca, escribió una carta a su apoderado, conversó un rato con su mayordomo y «volvió al libro en la tranquilidad del estudio». La novela absorbe su atención, la «ilusión novelesca lo ganó casi enseguida». Trata de una pareja de amantes que deciden asesinar al esposo para quedarse con su fortuna. Finalmente lo logran. Tienen todo bien planeado. Sin contratiempos el amante entra en el salón donde se encuentra el esposo que distraído lee el último capítulo de la interesante novela y lo apuñala sin compasión. Quizás después de esta última escena el lector quedó satisfecho o no con el terrible final, miró a lo lejos, cerró el libro y se tomó el té que su mayordomo le pudo haber traído, etc. Desde esta, por demás aventurada perspectiva, no ha pasado nada: no hay conflicto, no hay ningún deseo insatisfecho, no hay nada de qué preocuparse ni asunto que resolver; todo fluye con paz, tranquilidad y armonía, por lo tanto no hay cuento.

Ahora dejemos de jugar, adentrémonos en el mundo mágico de Cortázar y analicemos el relato como si en verdad lo que está leyendo el hombre es la «novela de su vida», que sin duda alguna es la intención del autor, lo relevante del cuento.

Punto de vista del narrador. Tercera persona. Un narrador externo, a todas luces omnisciente, nos narra lo que hace él, ella y a veces ellos; lo que piensan, lo que sienten, lo que sueñan…

Personaje principal. Los amantes: hombre y mujer.

Personaje secundario. El esposo, el mayordomo.

Conflicto. Los amantes quieren deshacerse del esposo.

Escenario. Una cabaña en el campo, el estudio del hombre.

Tiempo interno. Muy corto.

Descripciones

  • Del escenario. Más que en cualquier otro, en este relato la descripción del escenario es vital para entender y pautar con el lector la magia de la historia. Veamos algunas. «Tranquilidad del estudio». «Ventanales». El esposo esta «arrellanado en su sillón favorito» de «terciopelo verde». «Su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo…».
  • De la apariencia física de los personajes. No hay descripciones en este aspecto. Sí queda poco más o menos sugerida la edad de los amantes, a quienes me figuro más jóvenes que al esposo y a ella de cabello largo.
  • De la personalidad. El esposo, como vemos, parece un hombre tranquilo, empresario, amante de la lectura y del aire libre… (y así debe ser ya que no es él quien tiene el conflicto). Sobre los amantes no hay nada que decir que no podamos imaginar: un par de pillos con ambiciones desmedidas.
  • De la naturaleza. No se olvida Cortázar de embellecer sus escritos. Así nos habla «del estudio que miraba hacia el parque de los robles», nos dice que «más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles». Más adelante: «un mundo de hojas secas y senderos furtivos». Luego: «Empezaba a anochecer». Y después: «…hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo a la alameda que llevaba a la casa». La poesía prestada al cuento (corta, precisa, oportuna) y al horror: los contrastes de un maestro.
  • De los abalorios narrativos. Son significativos. Por ejemplo cuando el esposo estaba sentado en su confortable sillón y el narrador dice: «de espaldas a la puerta». Detalles tan sutiles como: «dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos», y tan determinantes como: «Absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes», «Ahora llegaba el amante…», «El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada».

Estructura

En vista de que se trata de la lectura de una novela, es imposible establecer en principio una estructura convencional ya que todo es mentira, todo es ficción, hasta que los detalles finales del escenario: «…el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela» (los mismos de la novela que el esposo lee en el sillón), nos hacen ver lo contrario, nos dicen que de verdad el esposo de la mujer está leyendo la «novela de su vida», sus últimos momentos, y cuando se da cuenta (si es que percibe algún ruido) ya es demasiado tarde… Lo que implica que la estructura completa, es decir, el planteamiento, el nudo y el desenlace —podríamos decirlo así— toman sentido y por lo tanto se agrupan en estas últimas líneas, todo junto como un ramillete de flores, lo que nos permite eventualmente volver atrás y armar y analizar los elementos básicos del cuento como lo hemos hecho con cualquier otro relato. Veamos cómo quedaría entonces la estructura bajo este supuesto.

Planteamiento. Bastante largo en relación a la extensión total del cuento. La verdad es que no pasa nada de trascendencia para la víctima que tranquilamente lee su novela hasta que aparece en el escenario el primer quiebre narrativo que da inicio al conflicto. Punto de giro uno: Podemos ubicarlo en dos lugares claves: el primero justamente donde el narrador dice: «fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte». En mi opinión es el punto donde comienzan las sospechas, las dudas, donde la novela que lee comienza a tomar un cariz enigmático y sentencioso. Y el segundo y más contundente aparece cuando se nos habla de «la figura de otro cuerpo que era necesario destruir». De acá en adelante ya no tenemos dudas de que algo grave está por ocurrir. Las acciones entonces se multiplican y crecen a una velocidad y tensión vertiginosas hasta alcanzar al nudo. Nudo: Dado que el conflicto de los protagonistas es eliminar al desafortunado esposo, no hay duda de que el momento clímax es cuando lo logran, al final del cuento, cuando los detalles del escenario coinciden con el asesinato: «la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela». Quiere decir que en estas últimas líneas, además de los otros elementos, se entrelazan también el Nudo, el Punto de giro dos y el Desenlace, como antes señalé. Es en definitiva cuando el genio de Cortázar se manifiesta y deja entrever que el hombre no leía cualquier novela, leía su propia historia, su inminente epitafio; cuando logra convencernos, más allá de cualquier análisis teórico o didáctico, que la magia del cuento reside en que la pareja de amantes, personajes de ficción, logran mezclarse con la realidad y salir de las páginas de una novela para asesinar al lector.

Cambio del principal: Por supuesto que hubo un cambio en la pareja de amantes. Según lo sugerido lograron su objetivo. Ahora debemos imaginar que son ricos y que viven juntos en algún rincón del mundo y que, probablemente, en algún momento de sus vidas, leerán una interesante novela.

La verdad detrás del cuento

Podemos recrear la verdad detrás del cuento: infinitas historias de infidelidad, ambición desmedida, locura, perversión…, donde no existen valores morales y algunos seres humanos no merecen tal calificación. Por otro lado, ¿es posible que los personajes de un cuento o novela adquieran vida, salten de las páginas y afecten nuestras vidas? Me refiero literalmente hablando. Tal vez sí, en otro mundo, en otra dimensión, y estén esperando la muerte de sus autores para reunirse con ellos, abrazarlos con gran alegría o apuñalarlos sin la más mínima misericordia.

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6 comentarios en “Continuidad de los parques

  1. hola ler un cuento cortázar es aprender ,gracias profe ,por recordarnos el conflicto ,el personaje principal es el señor que lee la novela y los que tienen el conflicto es la pareja por matar y quedarse con el dinero digo yo .

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  2. Recuerdo bien la primera vez que oí Continuidad de los parques (sí, ni lo leí ni lo escuché, lo oí). Estaba en una de esas catas de cuentos que organizaba un tal Heberto, se supone que antes de asistir ya debía haberlo leído y al menos debí prestarle atención mientras el maestro lo hacía para nosotros con entusiasmo. Pero yo siempre he sido una persona tan distraída que si me preguntan de cuál mata me caí, me revisaría a ver si tengo raspones, y ahora confieso por primera vez que estaba pensando en otras cosas y casi no le paré bolas al cuento jajaja. Cuando el relator terminó y todos aplaudieron su interpretación, por supuesto yo también lo hice, nadie se daría cuenta de mi despiste, pero después de algunas preguntas a los asistentes en general (en las que me escondí en el último rincón de mi silla), Heberto pidió algunas opiniones personales sobre lo que acababa de leernos, está claro que alguien tan bello y hermoso como yo (¿?) no puede pasar desapercibido demasiado tiempo y centró en mí su absoluta atención mientras todos veían y me dijo “Javier, tú que eres tan imaginativo, ¿qué tienes que decir del cuento?”. Se podrán figurar mi cara de ponchao’, la cara de un estudiante cuando le toca hacer un examen oral y no estudió ni un poquito, me daba pena admitir la verdad y por unos segundos que sentí eternidades busqué una respuesta con la que salirme con la mía, noté que Heberto empezó a verme raro, así como preguntándose si soy estúpido o estoy actualizando el sistema operativo de mi cerebro, y entonces una respuesta bastante tonta y desesperada en ese momento me pareció la “menos pior”; y tan sólo dije: “estoy de acuerdo con todo lo que dijiste.” Desde entonces siempre he creído que Heberto no me respeta y no lo culpo jajajajaja.

    Pero había una señora de acento cuyo nombre no recuerdo que luego explicó muchas cosas del cuento y me llamó bastante la atención todo lo que dijo. Al llegar a mi casa lo primero que hice, después de medio pasar la borrachera, fue leerlo y me encantó. Mi favorito de Cortázar hasta ahora.

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      • Descuide, maestro, en los últimos meses me di cuenta que esto es algo que quiero hacer, así que ahora me lo tomo mucho más en serio. Hace como 3 domingos envié mi último cuento a la editorial Ígneo (el número 15) para complementar el libro, pero deben estar de vacaciones o muy ocupados porque no me han contestado. Estoy dándoles un tiempo y sino probaré suerte con una editorial extranjera porque veo que aquí las cosas funcionan muuy lentamente (envié los cuentos en octubre). Pero lo importante es que seguiré escribiendo y mejorando, ya estoy con el segundo libro, que será una novela, y tengo como 17 tramas anotadas de cuentos para el tercero. Sólo espero que no me metan preso todavía por meterme con Chiabe o por pintar rayas amarillas bajo los autos estacionados (esto último no es del todo mi culpa, es que bebo demasiado intentando amanecer como esclavo sexual en Europa para mejorar mi calidad de vida).

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