África íntima, de Laura Cracco

África íntima

“Hasta la sonrisa de mi cara era un plagio”.

¿Desgarradora, elegante, poética, literaria, honesta? Sí, esos podrían ser los calificativos que mejor describen esta novela. Más que una novela la concibo como una autobiografía que narra de forma casi alucinante la desventura personal de una mujer que lucha por salir del abismo en el que se siente inmersa. Circunstancia íntima alimentada por la enfermedad, por la terrible situación del país en el que vive (o en el que vivía) y acaso por ella misma que no cesa de pensar en lo que le causa dolor y destrucción. Magistralmente escrita, Cracco se pasea con soltura entre digresiones que van desde la simple preparación de un desayuno a su querido hijo Sebastián hasta profundas reflexiones de orden personal, político, filosófico, intercalando aspectos de la mitología griega o romana, de la poesía, de la música, del cine, de la pintura o de la fotografía. Elementos relevantes en su vida cotidiana que le ayudan a sobrellevar sus días de  angustia y desolación en el triste escenario de un país mancillado. Así, entre otros, encontramos referencias de Glenn Gould interpretando a Beethoven, o Sebastiao Salgado fotografiando niños en la verdadera África; eruditos comentarios sobre Cicerón, Kant, Rilke, Goethe, Dante, Hegel, Eliot, Munch, Homero, o al Narciso de Ovidio diciendo “Ojalá pudiera amar a alguien fuera de mí mismo. Ojalá pudiera arrancarlo de mi cuerpo”. Y la mención de todos estos personajes no es en ningún momento una muestra de erudición antojadiza, son parte de ella misma, sus compañeros de vida, los que la ayudan a existir o la consuelan en la justificable necesidad de reconocerse en alguien, y no encuentra mejor forma de hacerlo que en la obra de maestros o en esos personajes mitológicos que pueden hacernos divagar hasta el delirio. África es Venezuela pero es también la autora, ambas cercadas por altas y electrificadas vallas, ambas luchando por sobrevivir. Escribe: “Entender la tragedia, convivir con el horror de Venezuela, con mis Áfricas dentro y fuera, y arrancarle palabras a lo que mejor expresan el silencio de un cadáver o el alarido intraducible del animal mortalmente herido sentencian desde ya la derrota. Pero necesito mi derrota, la mía, no la que imponen la dictadura, los genes o el virus…”.  Sus estudios de Filología clásica, sus incontables viajes y lecturas, la impotencia de no poder hacer nada ante un país que se derrumba, ella versus ella, la han convertido en una rebelde sin causa, una mujer que se hace preguntas, que cuestiona a Dios, que no encuentra respuestas satisfactorias y que se revela con valentía ante lo inexorable, pero que también ama. Ama profundamente y por encima de todo desea vivir.

“Hoy seré feliz. Hoy me he mudado de mí misma”.

Recomiendo esta novela. A sorbos. Tal vez nos haga sentir afortunados de la vida que nos ha tocado vivir. O, al menos, iniciarnos en ese camino.

Heberto Gamero Contín

 

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