La soledad de los números primos, de Paolo Giordano

Ese día amanecí resfriado. No tenía fiebre ni dolor de cabeza, pero la garganta me ardía y estornudaba sin cesar. Hacía frío en Madrid, por lo que mi mujer me dijo que no era conveniente que saliera, que mejor me quedara en casa reposando, otro día haríamos los asuntos pendientes que, estando de vacaciones, no…