El palacio de la luna, de Paul Auster

Uno de los comentarios que aparece en la contraportada de esta novela afirma que es elegante, refinada e inteligente. Lo dice Sergio Vila Sanjuan, escritor del que nada he leído pero el hecho de que su opinión esté citada en un libro de Anagrama me hace pensar que es uno de esos comentaristas que ha ganado cierto reconocimiento en el mundo literario. Pensé en algo tan fácil como buscarlo el Google y enterarme de su trabajo pero, la verdad, tratándose de Auster, no me hacía falta conocerlo para concluir que lo más seguro era que sus palabras fueran ciertas.

Marco Fogg, ya adulto, nos cuenta una parte de su vida, la de un joven (tal vez el mismo autor) común y corriente que nunca conoció a su padre y fue criado por su tío Víctor, músico, hombre excéntrico que se ganaba la vida tocando el clarinete de una orquesta a otra. A su muerte Marco se deprime, no le encuentra sentido a la vida, vaga por el Central Park de nueva York, duerme en improvisados refugios, come de la basura y recibe regalos de transeúntes que se conduelen del pobre muchacho que aún tiene el orgullo de no levantar la mano o de pedir ayuda más allá de una triste y resignada mirada. Pero lo que más llama la atención es que no parece sufrir por ello, acepta todo con una calma brutal, como si se lo mereciera, o como si estuviese seguro de que todo pasaría, de que en cualquier momento algo lo sacaría de la indigencia y lo llevaría por caminos menos escabrosos y reveladores. Así sucedió cuando sus amigos Kitty y Zimmer lo encontraron enfermo, a apunto de desfallecer y lo rescataron de una muerte segura como él mismo lo afirma. Un poco más adelante, ya recuperado, se emplea como ayudante de un anciano, inválido y cascarrabias que le pide que tome nota de su biografía, una historia por demás original y llena de aventuras que sorprende a Marco más de lo que alguna vez pudo imaginar. 

La novela no solo es elegante, refinada e inteligente como afirma Vila, sino también amena, sencilla, de un realismo cautivador y revindica el postulado literario que afirma que cualquier historia —fantástica o realista, con muertos o sin muertos, con drogas o sin drogas, con sexo o sin sexo— puede seducir al lector más exigente si en ella predominan la coherencia y la refinada narrativa. Luego solo se impone la preferencia por uno u otro tema. 

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Blanca Miosi dice:

    La reseña es tan elegante como dices que es el libro, invita a leerlo. Algunas vidas no requieren ser apoteósicas, nuestro mundo está lleno de héroes anónimos y, como en el caso de este desafortunado vago, que sin más pretensiones que seguir viviendo, de manera fortuita se encuentra cuidando a un anciano rico en vivencias que le permiten no solo conocerlas, sino convertirse en escritor.
    Excelente reseña.

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    1. Gracias, Blanca. Me alegro de que te haya gustado. Siempre leo a este autor. Abrazos

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